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La industria de los alimentos

El pasado 15 de Marzo disfrutamos de la ponencia de Fran Sagra sobre el mercado de los alimentos.

La charla no está grabada en vídeo porque no se trató de una charla al uso, al menos como las que estamos acostumbrados en la Escuela Social. Hubo catas a ciegas de alimentos, leímos juntos puntos escogidos de la Constitución o la norma española sobre alimentación, y en general fue una sesión donde aprendimos participando.

Sí que nos gustaría resumir algunas de las ideas que sacamos de la charla, y que pueden ser de ayuda igualmente a aquellos que no pudisteis asistir.

Información y control

El Estado tiene la obligación, a través de la Constitución Española, de velar porque podamos tomar decisiones informadas como consumidores. Esto significa que nos deben explicar qué diferencia hay entre un aceite de oliva “virgen extra” y otro que no lo es. O qué diferencia la leche UHT que bebemos de caja de la leche fresca. Ahora el Estado no está cumpliendo con esa obligación constitucional.

La industria de los alimentos utiliza certificaciones de calidad externas con las que puede defender ante un juez, en caso de que haya problemas, que hace todo lo posible por proteger a los consumidores. Hay certificaciones más y menos exigentes, por lo que debemos exigir que se usen las mejores.

Por otro lado los estados ponen normas a la industria alimentaria, y vimos que en muchos casos la nuestra está obsoleta o tiene lagunas. También es labor nuestra exigir una legislación a la altura de otros países de nuestro entorno.

Lo que pone en la etiqueta

La Unión Europea obliga a todos los países a cumplir unas normas mínimas. En países con legislaciones deficitarias como el nuestro esto es una garantía para todos nosotros.

Fran nos dio unos consejos para leer las etiquetas y evitar “picar” en algunos de los trucos que se emplean habitualmente:

  • Los ingredientes deben estar ordenados de más a menos proporción en el alimento. No es lo mismo “verdura (25%), agua”, que “agua, verdura (25%)”.
  • Deberíamos comprobar la presencia innecesaria de azúcares y grasas saturadas, que son muy perjudiciales en exceso.
  • No todo lo que hay en la zona de frío necesita frío. Lo usan para hacernos pensar que el producto es más fresco, pero hay que leer la etiqueta para ver si es necesario guardarlo refrigerado.
  • Las empresas usan en ocasiones conservantes peligrosos (sulfitos) que están permitidos en baja concentración. Pero una cosa es que los usen en productos muy perecederos (como el pescado) y otra que lo hagan sólo para bajar sus costes (como en las galletas de desayuno).
  • Especial cuidado con los alimentos para niños. Dosis más pequeñas de cosas perjudiciales les afectan más, y además estarán durante más años consumiéndolas si no les educamos.

 

Esto son sin duda pequeñas pinceladas de lo que dio de sí la charla, que fue mucho y muy interesante. Esperamos que la disfrutarais los que vinisteis, y a todos los demás os animamos a no perderos ninguna de las que quedan.